26 mar. 2010

CINE-FORUM|FILMOTECA NACIONAL: HOMENAJE A ROBERT MULLIGAN

Matar un ruiseñor director, Robert Mulligan (1962)
por Juan Antonio Gómez García.
Profesor de Filosofía Jurídica de la Facultad de Derecho de la UNED
Como viene siendo habitual en los últimos años, el Cine-Forum de la UNED y la Filmoteca Española han organizado para este curso un ciclo cinematográfico sobre el cineasta estadounidense Robert Mulligan, fallecido en diciembre de 2008 y uno de los más notables representantes de la generación de cineastas procedentes de la televisión que se incorporaron al cine de Hollywood a finales de la década de los cincuenta e inicios de los sesenta del siglo pasado.
Desde su primera película, El precio del éxito (Fear Strikes Out, 1957) hasta su última realización, Verano en Louisiana (The Man in the Moon, 1991), el cineasta ha filmado alrededor de unas veinte películas entre las que destacan títulos tan señeros como Verano del 42 (Summer of 42, 1971), La noche de los gigantes (The Stalking Moon, 1968), Contra corriente (Up the Down Starcaise, 1967) y Amores con un extraño (Love with the Proper Stranger, 1963).
No obstante, su película más conocida y aplaudida, tanto por la crítica como por el público, es su obra maestra Matar un ruiseñor (To Kill a Mockingbird, 1962). Basada en la novela homónima de Harper Lee, esta hermosa y delicada película en torno a las relaciones paterno-filiales entre un maduro abogado viudo sureño (Atticus Finch) y sus dos hijos –y a la relación de éstos con un misterioso vecino- durante los años de la Depresión en la década de los treinta, en el marco de un terrible caso de racismo en contra de un negro residente en el pueblo al que se acusa injustamente de violar a una joven blanca y que es defendido jurídicamente por el protagonista, obtuvo un gran éxito por su fina recreación del ambiente y de la historia central de la novela, y por la sobria y eficaz manera en que fue llevada a la pantalla por Mulligan, hasta el punto de que se convirtió rápidamente en una de las más ardientemente amadas cult movies del cine clásico norteamericano.
Su personaje protagonista, Atticus Finch, magistralmente interpretado por Gregory Peck, descuella como uno de los más admirados y profundos que ha dado la Historia del cine estadounidense. Este abogado de carácter tranquilo, austero, firme, y de aguda inteligencia, mantiene con sus hijos una relación de aparente distanciamiento, pero teñida de un exquisito respeto y basada en un profundo cariño. Las escenas en las que charla con sus hijos revelan un paternalismo especial, afable, sin estridencias, lleno de ternura, aunque sin obviar un hondo sentido ético. Paralelamente a la relación con sus hijos, movido por sus inquebrantables principios morales, acepta la defensa jurídica del joven negro exponiéndose a sí mismo y a sus vástagos a la hostilidad del pueblo, ebrio de racismo y de rabia por los acontecimientos supuestamente ocurridos. Con motivo de este hecho los niños se involucran en el mundo del padre (y consecuentemente, en el duro mundo de los mayores: la infancia y la adolescencia ha sido siempre un tema principal en las películas de Mulligan) y Atticus termina convirtiéndose también en un ejemplo moral para ellos mismos y para el espectador.
Matar un ruiseñor, además, es uno de los más notables y analizados ejemplos de lo que podríamos llamar cine jurídico. De hecho, la mesa redonda que tuvo lugar el 17 de marzo en la espléndida sala 1 del Cine Doré en Madrid (sede de las proyecciones públicas de la Filmoteca Española), ante un aforo repleto de espectadores, estuvo formada por tres juristas y iusfilósofos, conocidos también por su profunda devoción por el arte cinematográfico y por sus actividades públicas dedicadas al mismo:
D. Eduardo Torres-Dulce, fiscal del Tribunal Constitucional, D. Raúl César Cancio, letrado de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo y D. Juan Antonio Gómez, profesor titular del Departamento de Filosofía jurídica de la Facultad de Derecho de la UNED. Ellos se encargaron de incidir en los aspectos políticos, jurídicos y filosóficos del filme, reseñando, entre otros, su extraordinaria precisión para mostrar el enorme peso que pueden llegar a tener en las decisiones judiciales elementos extranormativos tales como la presión social y los prejuicios individuales, el carácter de alegato jurídico ejemplar contra el racismo que constituye el discurso de defensa proferido por Atticus Finch en el juicio para obtener la absolución de su defendido, la importancia de la presunción de inocencia y del derecho a una defensa justa en el Derecho penal, la deontología del abogado en el ejercicio de sus funciones, etc…
Quizá la vigencia de Matar un ruiseñor se deba, cinematográficamente hablando, a que tal vez sea una de las últimas películas genuinamente clásicas del cine norteamericano, rodada en un momento en que empieza a hacerse patente la decadencia del clasicismo del cine de Hollywood como modo de representación fílmica, pero, sobre todo, aún hoy nos sigue entusiasmando por su coherencia, su honestidad, su delicadeza y su modestia en la exposición de las verdades que contiene.
La programación completa del ciclo dedicado a Robert Mulligan puede consultarse en: http://www.mcu.es/cine/docs/MC/FE/PrograDore/PrograDore75.pdf









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