15 dic. 2010

CINE|ORIENTALISMO

ORIENTE: MIRANDO OTROS HORIZONTES.
por María Teresa Román. Profesora del departamento de Filosofía (Facultad de Filosofía) (pinchar sobre el enlace para ver la página del departamento con su curriculum)


"El Amor es la única libertad en este mundo, porque eleva el alma a un lugar sublime que las leyes humanas no pueden alcanzar ni subyugar"



Oriente es el vasto dominio donde han nacido y desarrollado las sabidurías de Egipto, Mesopotamia, Irán, India y China; algunas de las grandes religiones de nuestro planeta; valiosos conceptos que en la actualidad forman parte de nuestra sociedad globalizada como la reencarnación, el karma, Buda, nirvana, iluminación, zen, Dalai Lama, meditación, Tao, Tai chi y la herramienta psicofísica más fantástica y útil que jamás haya visto la humanidad: el yoga; brillantes aventureros místicos, "médicos del alma" filósofos, sabios, humanistas, maestros, intelectuales y nobles anhelos por integrar sus valores en la universalidad viva del espíritu, luminarias que aún hoy nos alumbran y nos llenan de emoción al mostrarnos una vía de crecimiento y desarrollo personal.
La cultura oriental ha dejado flotando en el ambiente de la historia su hálito imperededero, las creaciones de su genio, extendiendo sus alas de  luz y encendiendo hogueras sempiternas en el horizonte infinito de los siglos.
Oriente es un universo de sensibilidades engastado en una interminable red de formas artísticas y misteriosas, superviviente de suelos antiguos y ataviado con ropajes diversos según las edades, los enclaves y los creadores. Por ejemplo: las yertas pirámides de Egipto, la Mezquita Nakhoda, el Taj Mahal, el zigurat de Māri, los Buddhas gigantes de Afganistán esculpidos en las rocas, las danzas de los derviches, los guerreros de Terracota de la tumba del emperador Qin Shi Huang de la dinastía Han y un largo etcétera de conquistas materiales, intelectuales y espirituales. La excelencia de los valores culturales y humanos logrados por los pueblos de Oriente es de tal profundidad, valor y creatividad que ningún otro foco civilizador está en disposición de cuestionar.
    Asimismo, a lo largo de los siglos las diferentes sabidurías orientales han dado lugar a una lista interminable de monumentos literarios que no se han desmoronado con el paso de las distintas generaciones; en ellos está registrada la visión que la humanidad tenía de sí misma y de sus creencias: los Veda, las Upanishad, el Mahâbhârata, la Torá, el canon pâli, Los “Sûtras de la Perfección de la Sabiduría”, Los Libros del Tao, Textos de las Pirámides, Máximas de Ptahhotep, El poema de Gilgamesh, El Monólogo del Justo Sufriente…; una plétora de símbolos, fórmulas, mitos y rituales conmovedores cargados de un gran poder de fascinación arropan esta literatura sapiencial.
    Lo que hoy nos subyuga de los pueblos orientales del pasado no son sus guerras y conquistas, sino las creaciones de su espíritu, el titánico esfuerzo por descubrir los enigmas del universo, el misterio de la vida y de la muerte y el enorme despliegue de medios y energías de hombres y mujeres por superar las zonas oscuras de su ser y buscar la luz a través de las espesas tinieblas del miedo y la ignorancia.

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